Querido miedo:

Hoy quiero darte las gracias, porque te he mirado a los ojos y he visto que tu intención es buena: quieres ayudarme a sobrevivir y mantenerme a salvo, y por eso vienes cuando aparecen situaciones nuevas que crees que me van a dañar.

Quiero decirte que, a partir de ahora, voy a verte como el compañero de viaje que me muestra lo que tengo que cambiar, a qué tengo que enfrentarme y qué obstáculos tengo que superar para conseguirlo, porque acepto que tú no eres el problema; el problema es qué hago yo cuando vienes a visitarme, así que, desde ya, voy a reconocerte como una gran oportunidad para crecer:

Te reconoceré cada vez, porque tienes muchas caras (miedo a la soledad, a la pérdida, al fracaso, al qué dirán, al éxito….)

Buscaré de dónde vienes en esta ocasión, cuándo naciste, cuál es tu origen.

Rescataré todos mis recursos para crear ese plan con el que salir con éxito a conseguir mis sueños.

Me estás enseñando a no vivir a medias por miedo a vivir. Y como dijo Nelson Mandela “Si quieres hacer la paz con un enemigo, tienes que trabajar con tu enemigo. Entonces se convierte en tu compañero”

Así que, miedo mío, hoy te digo: Bienvenido, compañero.

Mila González, coach

Vigo, España

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